martes, 29 de octubre de 2019

La esencia del ‘alma negra’, resiste en los palenques urbanos

La lucha de la población palenquera de Nueva Colombia y Me Quejo por su identidad, analizada por investigadores de la Universidad Simón Bolívar. 
La venta de bollos de mazorca en las afueras de algunos supermercados, los dulces maravillosos que se expenden en diferentes rincones de la ciudad al aproximarse la Semana Santa o el contagioso son de los tambores en el Carnaval son solo algunas evidencias de la presencia palenquera en Barranquilla.
El acervo cultural de esta comunidad se encuentra muy vivo y sigue la lucha por su preservación en el tiempo pese a los diversos factores de la modernidad que lo amenazan. Esa ‘alma negra’ conserva su esencia en los llamados ‘palenques urbanos’, particularmente en los barrios Nueva Colombia y Me Quejo, cuyo proceso de conservación de identidad ha sido objeto reciente de análisis del grupo de investigación Estudios Interdisciplinarios sobre el Caribe, del Centro de Investigación e Innovación Social José Consuegra Higgins (CIISO) de la Universidad Simón Bolívar.
El estudio rescata la importancia de esta población como poseedora de una serie de conocimientos a partir de la construcción de sus propios espacios. Allí han reafirmado sus valores como comunidad y sus más reconocidas manifestaciones culturales.
Los dos barrios analizados se extienden en un territorio de aproximadamente 70 hectáreas y hacen parte de la localidad Murillo Suroccidente, donde está asentada el 93,6 % de la población palenquera en Barranquilla (censo 2005).
Los investigadores Matilde Eljach, Efraín Llanos y Ezequiel Quiroz, autores del estudio, encontraron que este grupo poblacional es uno de los que muestra una alta pertenencia étnica a través de la manifestación del orgullo de ser palenquero, además de la forma de cohesión grupal que mantiene mediante fuertes lazos familiares y de filiación, con sentimientos de compañerismo, fraternidad, ayuda, respaldo y defensa.

Velorios y solidaridad

Según Quiroz: “estos valores, surgidos desde el mismo momento de la creación de los palenques como zonas de resistencia al avasallamiento y al maltrato social, se mantienen en el tejido social de los palenqueros a pesar del decurso social, económica y políticamente adverso de la historia. Sus lazos de amistad no solo se circunscriben al barrio donde viven, sino que involucra a los palenqueros residentes en otras ciudades, en el mismo San Basilio, e incluso en el exterior”. Afirma además que “mantienen costumbres ancestrales africanas en los rituales mortuorios como el luto colectivo, el velorio acompañado de llanto, danzas, bailes de bullerengue y son palenquero”.
La socióloga Eljach comenta que el aporte de esta nueva investigación sobre los asentamientos “radica en que a pesar de que esta ciudad ha cambiado tanto, Barranquilla ha crecido, se ha desarrollado espacial, cultural y económicamente, la comunidad se esfuerza por mantener preservada su cultura ancestral que viene del palenque y al palenque llegó del África ancestral en la Colonia”.
El investigador Llanos, doctor en Geografía, destacó que “todavía en esos territorios de Nueva Colombia existe, por ejemplo, una organización juvenil que se llama el ‘cuagro o kuagro’ que viene del palenque y de África. Entre sus objetivos está preservar los valores culturales, las interrelaciones; de allí que la recuperación del lenguaje nativo, de la sazón en la gastronomía, de los peinados tradicionales, la música, entre otras, son manifestaciones palpables de lo que yo llamo ‘resistencia espacial’ porque la han ejercido estas comunidades para ganarse un espacio donde conservar todos sus valores identitarios”.
En principio los palenques urbanos eran asentamientos informales que apuntaban a solucionar un problema que era vital para ellos: la vivienda, donde empezaron a luchar por mantener sus costumbres por encima de la aculturación que los ha tocado por el contacto, en este caso, con la sociedad barranquillera.
La preservación de esa identidad y la construcción de territorio simbólico es, a juicio de los investigadores, un mecanismo de defensa contra la discriminación tanto externa como desde el mismo interior de la población, pues reconocen que hubo momentos en que optaban, por ejemplo, por no hablar la lengua palenquera por temor a burlas y señalamientos.
Y a pesar de los aportes que le han hecho a la cultura de la ciudad y de todo el Caribe, es claro que buena parte de esta población vive en condiciones de marginalidad, con múltiples problemas como ilegalidad en predios, falta de empleo, inseguridad, vías inaccesibles, etc., que no les permiten integrarse activamente a la dinámica del progreso local. 
Sobre esto la dra. Eljach dice que “ellos son una presencia viva en nuestra ciudad, y a los barranquilleros nos falta reconocerla en su dimensión y en su gran aporte, y a las autoridades locales ponerle la mirada a las condiciones de vida de estas comunidades”. Agrega que justamente por su aporte es que los caribeños “somos diferentes al resto de la sociedad americana porque tenemos el componente afro, sino seríamos como el pueblo boliviano o el ecuatoriano, más indígenas que españoles; tenemos toda esa dimensión cultural que trasciende fronteras y nos integra al Gran Caribe, gracias al aporte del pueblo africano que llegó esclavizado y que con toda la generosidad nos legó su alegría, el tono de piel, las formas de la solidaridad, la fisonomía, la fortaleza física”.
Los fogones y el legado cultural
 En el caso de la cultura gastronómica, la producción de dulces y bollos para la venta callejera, los autores explican que ya muchos de los descendientes de palenqueros son profesionales o universitarios en curso por lo que estiman que es posible que la tradición empiece a mermar en un lapso de diez o quince años, dado que estas personas se dedicarán, por su mismo proceso académico, a otras actividades.
Los investigadores resaltaron que para este análisis fue vital el aporte de los palenqueros y afrodescendientes Rosalbita Tejedor, Orfelina Herrera, Dolcey Romero, Sergio Cassiani, Noravis Tejedor Cassiani, Rosa Carmiña Herrera, Lina Padilla Estrada, Ronald Valdés, Manuela Pérez Salgado, Abel Pérez, Mariano Cassiani, Ricardo Pizano, Máximo Tejedor Herrera, Julio Coronado Gómez, entre otros, quienes compartieron generosamente sus conocimientos sobre la cultura palenquera.
Archivo

martes, 22 de octubre de 2019

Festival de Tambores






Palenqueros recuerdan tradiciones africanas en su Festival de Tambores


Ricardo Maldonado
San Basilio de Palenque (Colombia), 19 oct (EFE).- Al ritmo de un tambor centenares de palenqueros mueven sus caderas en el XXV Festival de Tambores que se celebra en San Basilio de Palenque, en el norte de Colombia, evocando las tradiciones de sus ancestros africanos traídos a América como esclavos.
El Festival de Tambores de Palenque se creó para rescatar y preservar la cultura y las tradiciones de estos afrodescendientes que desde el siglo XVI se asentaron en este pequeño poblado ubicado en los Montes de María, a unos cincuenta kilómetros de la ciudad de Cartagena.
A esa zona huyeron para librarse de la esclavitud a la que eran sometidos.
Allí se mantuvieron aislados del mundo exterior hasta ya entrado el siglo XX, lo que les permitió conservar casi intactos sus rituales y su lengua palenquera, que es un criollo de base léxica española que mantiene características morfosintácticas del bantú africano.
"El tambor es una herramienta de comunicación, sus ritmos nos permiten remontarnos a nuestros ancestros y a nuestro pasado, el tambor le permite a uno escuchar el clamor de aquellos que fueron traídos de África en situación de esclavizados", dijo a Efe la líder política de San Basilio de Palenque, Kairen Gutiérrez.
Cuando un palenquero escucha un tambor ese sonido invade todo su cuerpo y "su ser genera ritmos muchas veces desconocidos", aseguró Gutiérrez.
El médico tradicional y promotor cultural de Palenque, Manuel Pérez, indicó a Efe que el tambor es un medio de comunicación que sirvió para la defensa y la protección de la población.
Cuando eran "fugitivos de la opresión del europeo se colocaban hombres alrededor de Palenque en los sitios altos de las montañas para avisar con sus tambores sobre la presencia del Capuchichi Manga (forastero blanco en español)", relató.
Sin embargo, ahora el tambor representa la alegría, el ritual y está presente en todos los momentos de la vida de los palenqueros y "nos habla -subrayó Pérez- en las fiestas, en los anuncios y en los ritos de la muerte".
El lumbalú es una danza fúnebre en la que a ritmo de tambores, hombres y mujeres con profundo dolor honran y lloran a sus muertos.
Se trata del "camino para desplazarnos de este mundo" al otro, donde "todos somos iguales", explicó Pérez.
El espacio cultural de San Basilio de Palenque, donde la riqueza contrasta con la extrema pobreza de sus 2.500 habitantes que carecen de los servicios básicos, fue declaro por la UNESCO como obra maestra del Patrimonio de la Humanidad en 2005.
Junto con el tambor, la lengua palenquera representa el factor más importante de cohesión para esta población que la mantiene viva y se niega a perderla, pues en ella encuentran y se fortalece su identidad como primer pueblo afrodescendiente libre de América.
Gutiérrez aseguró que fue la lengua palenquera la que les permitió comunicarse cuando se les negó el derecho a hablar y a relacionarse y por ello "hoy -dijo- nos hace diferentes y nos recuerda a nuestros ancestros africanos y los legados lingüísticos que estos nos dejaron".
"Significa recrear las tradiciones y la identidad cultural de San Basilio de Palenque, encontrarse con uno mismo, ya que cuando hablamos en español nos sentimos hablando como los otros y no como nosotros", puntualizó Gutiérrez.
Pérez recuerda además que San Basilio fue la comunidad que más se resistió a cambiar culturalmente, se mantuva hermética, lo que posibilitó que se preservara la tradición y la herencia africana reflejada en la lengua.
"Hablar en lengua palenquera nos permite ser más felices. No es lo mismo enamorar a una muchacha en nuestra lengua que hacerlo en español, en lengua palenquera jamás te rechazan", añadió.
El promotor cultural de Palenque no dudó en señalar que nunca debieron haber aprendido el español y así cuando la gente visitase ahora a esa humilde comunidad necesitaría de "intérpretes para comunicarse".

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San Basilio de Palenque: su música y sus músicos


Pocas tierras tan fértiles en lo musical como San Basilio de Palenque, corregimiento de la población de Mahates en el departamento de Bolívar. El son de negros, el bullerengue sentao, el lumbalú, el son palenquero y la chalupa son algunos de los géneros que han nacido en el primer territorio libre de Colombia.
En su canónica “Historia de la música en Colombia”, Monseñor José Ignacio Perdomo, recuerda el origen de estas músicas: “El esclavo, tras doliente éxodo de sus tierras africanas, atravesó por un largo período de adaptación al ambiente a las tierras mortíferas donde vino a proporcionar su fuerza de trabajo.
En virtud de las encomiendas otorgadas por el gobierno peninsular, se importaron negros con el fin de emplearlos en las faenas agrícolas y mineras. El Bajo Sudán no dista mucho del puerto de Mombasa, donde los barcos negreros llenaban sus bodegas con destino a América. Esas tribus negras guerreaban entre sí para hacer prisioneros y venderlos a mercaderes de esclavos. Buena parte de ese material humano fue introducido por Cartagena”.
Sobre la música que provino de esa horrible situación nos cuenta: “con la raza de color vinieron los cantos dolientes, la fuerza rítmica de las danzas frenéticas, las supersticiones, una poesía llena de sugerencias y rebeldía”.
Hoy, bajo la designación de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a sus costumbres y cultura por parte de la Unesco, el primer pueblo libre de América se levanta para recordar que antes de las conmemoraciones oficiales del Bicentenario, hubo un pueblo que luchó por su independencia del yugo español y que, gracias a esa suerte de aislamiento que ostentaron como pueblo libre desde 1691, hoy sigue conservando costumbres absolutamente milenarias y propias, como el empleo de la lengua palenquera, la tradición de la despedida de los muertos con la interpretación del lumbalú y la readaptación de los ritmos cubanos, llegados hacia la década del 30 con el fomento a los ingenios y a los sembradíos de caña de azúcar, convertido allí en otro ritmo llamado son palenquero.
Foto disco de Estrellas del Caribe, agrupación tradicional de ch0ampeta de San Basilio de Palenque. Foto. Guillermo Camacho.

La cocina de San Basilio de Palenque

El sabor y tradición de los fogones de San Basilio de Palenque serán de talla mundial gracias al libro 'Kumina ri pa tó paraje. Cocina Palenquera para el mundo', la primera publicación que reúne toda la memoria culinaria de este pueblo y que además tendrá el honor de representar a Colombia en la Feria Internacional de Libros de Cocina en Pekín, China, en mayo. 
La publicación, cuya idea y textos fueron escritos por la misma comunidad palenquera, contiene recetas en español y en lengua palenquera, ha sido traducida al inglés y al francés y en China participará en dos categorías: Mejor Traducción y Mejor Libro de Cocina Africana.
“Esta feria es como el Óscar de los libros de cocina”, señala Rodolfo Ardila, director de Desarrollo Social de la Fundación Transformemos, entidad que editó el proyecto. 
Detrás del libro hay alrededor de unas 400 personas, todas habitantes de San Basilio de Palenque, quienes luego de un proceso de año y medio en el que aprendieron a leer y a escribir con apoyo de la Fundación Transformemos, tuvieron la iniciativa de escribir un libro sobre su tradición gastronómica. 
“Al llegar a Palenque, hace más de año y medio, encontramos que muy poca gente hablaba la lengua palenquera. Los jóvenes se sentían discriminados al hacerlo, los viejos ya nos les transmitían el uso de la lengua y además, la lengua no se escribía, a pesar de haber logrado subsistir casi 400 años”, explica Ardila. 
Allí, con la comunidad, se implementó el proyecto ‘Son ri tambó’ a través del cual 400 personas de todas las edades aprendieron a leer y a escribir. Pero no contentos con ello, los mismos habitantes se propusieron hacer un libro de cocina y seleccionaron a 37 personas, entre hombres y mujeres, que tuvieran buena sazón, para preparar la comida tradicional del pueblo y que no se perdiera de la memoria colectiva. 
Lo interesante es que en San Basilio de Palenque, “las cocinas son en el patio de atrás de la casa, son espacios que parecen fincas y alrededor del fogón se sienta toda la familia y en ese ritual se canta, se cocina y se recuerdan tradiciones”, dice Ardila. 
Por eso el complemento del libro es un cd con 18 canciones de las agrupaciones Sexteto Tabalá y Son Palenque, quienes revivieron la música para cocinar platos como el ‘Arroz con bleo’, el ‘Pescado en cabrito’, la ‘Gallina criolla guisada en leche de coco’, la ‘Mazamorra de coco’ o, para endulzar el día, unas ‘Bolas de maní’ o un poco de ‘Alegría’. 

martes, 1 de octubre de 2019

En la música tenemos grupos como el Sexteto Tabalá, uno de los grupos más antiguos de Palenque, simboliza una de las expresiones musicales más representativas de las comunidades negras; con 90 años de actividad artística, es el primer grupo de música de esta región en el que estaba el maestro Rafael Cassiani como voz líder.

El Son Palenque está compuesto también por un grupo de personas, en donde el maestro Justo Valdez es la voz líder, este grupo legendario dentro de la música afro-caribe, ha tenido una larga trayectoria alrededor de la música tradicional afro (Cumbia, Chalupa, Mapalé).
Las Estrellas del Caribe también es un grupo muy importante que tiene la comunidad palenquera, en el que hicieron música basada en los personajes de la comunidad.

Las Alegres Ambulancia, en esta agrupación se encuentra una mujer muy representativa en Palenque como es Graciela Salgado, ella tocaba el tambor y era la voz líder, como reemplazo quedó su hija Emelina y el reciente que es Kombilesa Mi, un grupo de jóvenes que han venido viendo que la música tradicional ha estado desapareciendo y han querido fortalecerla, a través del rap folklorico y han hecho muchas canciones en lengua palenquera y castellano para motivar a los jóvenes a que escuchen la música y se incluyan también. 
Nuestra tradición cultural se manifiesta a través de las rondas, la música, la gastronomía, la lengua, el deporte, la danza, los kuagros, las plantas medicinales, los ritos, las fiestas, las redes familiares y la justicia ancestral. Las rondas son juegos que se practican en grupos de personas, especialmente en velorios y en fiestas. El reconde conde consiste en que un grupo de personas se sienta, ponen las manos para atrás y uno empieza a pasarle una piedra por las manos y canta: “reconde conde la surtia, reconde conde el pirilon. Después esa persona dice manito movete antes que venga el pirilón”. 
La penca atrá consiste en que puede haber 15 0 20 personas que hacen una rueda y una de las personas debe tener una vara y debe cantar así: “A la penca atrás, se le da… el que voltee pa’ tras, se le da… maíz, crudo… manteca, caliente… millo, tostao”.
Se mea la perra, se práctica principalmente el último día de las 9 noches después del velorio, que de repente empiezan a cantar: “se mea la perra, se mea la perra, quien se meó anoche, la perra, quien se meó anoche, la perra”.
El loro y la lora se juega en ronda, hacen la ronda y empiezan a cantar: “el loro y la lora estaban loreando, el loro y la lora estaban loreando y yo por la reja estaba mirando, y yo por la reja estaba mirando, el loro comiendo y yo trabajando, el loro comiendo y yo trabajando, con qué se mantiene, con la flor del verano, con qué se mantiene, con la flor del verano… trabaja agachaito trabaja, trabaja de medio lao trabaja, trabaja boca arriba trabaja, trabaja boca abajo trabaja, trabaja, trabaja y trabaja”. 
Cada uno de estos juegos, permite una interacción entre la comunidad, de manera que se trabaja el ritmo y los recuerdos, debido a que estos juegos van pasando de generación en generación.